Los deseos del corazón son impulsos. Tan fuertes y tan claros que son imposibles de ignorar una vez que se sienten. UNA VEZ QUE SE SIENTEN. ¿Los puedes sentir?
Los deseos del corazón se sienten. Calientan el alma. Nos hacen brillar. Nos hacen ser mejores personas. Nos hacen sentir suficientes y nos hacen confiar en nos(otros). Sí, son inconfundibles. Tanto que puedes reconocer a quien va en pos de los deseos de su corazón porque ya no tiene prisa por llegar a ellos. Ya lo ha hecho. Y es que el propósito nunca ha sido cumplir el deseo, siempre ha sido escuchar al deseo, caminar hacia él.
Una vez escuchado, el corazón arroja la primera pista y tomado el primer paso, ya no hay vuelta atrás. Esa realidad comienza a manifestarse, como si fuera una semilla que siempre estuvo guardada bajo tierra, lista para crecer cuando fuera regada. Porque así se siente un deseo del corazón que es finalmente atendido, como algo que nos estaba esperando y no nos quería pedir nada.
También hay deseos que no vienen del corazón. Válidos pero insípidos. Escuchados en momentos de necesidad, de perdida, de miedo o de inseguridad. Esos deseos no calientan el alma pero sí la urgencia. Nos hacen sentir una exigencia dolorosa y nos hacen dar el paso que todos toman. Sí, también son inconfundibles. Tanto que puedes reconocer a quien va en pos de esos deseos porque tiene prisa por llegar a ellos y nunca lo hace.
Una vez escuchados, el corazón pedirá ir en la otra dirección, pero tomado el primer paso, será difícil dar la vuelta. Esa realidad también comienza a manifestarse, no como una semilla que estuvo guardada esperándonos, sino como una semilla que forzamos. Porque así se siente un deseo que no es del corazón cuando es atendido, como algo que no tiene sentido aunque se lo queramos dar.
La verdad es que hay semillas plantadas por toda la tierra, pero solo crecen árboles fuertes de aquellas a las que les damos el corazón. Es por eso que todo lo podemos manifestar, pero no todo lo que manifestamos perdura, porque hay cosas que no regamos con nuestro amor, regamos con nuestro miedo.
El llamado es claro, la distracción no tanto.
Tienes la libertad de elegir lo que escuchas, pero cuando le prestes tus oídos a algo, también escucha cómo se siente. Así sabrás lo que estás cosechando.
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¡Qué bonito!